Viajes por lugares

HISTORIA DE LAS EPLORACIONES POLARES

2-11) Continuidad del esfuerzo ruso (1820-1915)

Capítulo 2: Las rutas Polares (1852 - 1915)

El esfuerzo ruso, apoyado sobre una tradición milenaria y lanzado por Pedro el Grande, proporciona a la empresa de exploración de los occidentales un trasfondo de gran continuidad. Menos conocidos y menos sensacionales, los viajes rusos en nada ceden a las expediciones escandinavas o inglesas del siglo XIX, lo mismo por la dimensión de los resultados que por el heroísmo de los participantes. Merecen capítulo aparte.


Las costas rusas europeas y asiáticas, de las que la Unión Soviética es heredera actual, están divididas en dos sectores de dimensiones casi iguales por la península de Taimir. Un largo camino o línea continental, materializada en la época presente por el ferrocarril transiberiano, comunica por el sur ambos sectores. Bastarán dos cifras para dar idea de las dimensiones colosales del Asia rusa: son 6.000 km. los que separan Leningrado del cabo Dejnef, y el bosque boreal o taiga, zona de acceso al extremo norte, ocupa una superficie igual a 72 veces la de Francia entera.


Después de los viajes de Sannikov (1806) a las islas de Nueva Siberia y de la exploración marina de las costas de Alaska por Kotzebue (1816-1817), Von Wrangel ocupa el primer papel con la exploración de las costas situadas entre el estuario del Kolima y la bahía de Koliuchin. En tres ocasiones: en 1821, 1822 y 1823 se esforzó por llegar a través del hielo, con trineos de perros, a la tierra que existía en el mar, según las leyendas chukches. Tomando como punto de partida la isla de Cuatro Pilares, y luego el cabo Baranov, y después el cabo Kiberg, se vio detenido cada vez por aguas libres, sucesivamente a los 71º 43', a los 72º 02' y a los 70º 51' N. Con los barcos Otrkytije y Blagoname Rennys, M. Wasiliev y G. Chichmarev efectuaron un avance a través del mar de Chukotski.


De 1820 a 1823, el teniente P. T. Anjou efectuó la cartografía de la región costera entre el Olenek y el Indigirka. Partió con trineos en 1821 de la isla Kotelnoi hasta los 76º 36' N. En 1822, conectó a través del pack Kotelnoi y Fadeiev. En 1823, fue desde la embocadura del Lena hasta la isla Bielkov.


Al mismo tiempo (1821-1824) T. Lutke trazó la cartografía de Nueva Zembla y una parte de la costa de Murmansk. Su trabajo lo prosiguieron en 1834-1835 Pajtussov y Ziwolka, cuyo barco Krotov invernó en la bahía de Chirakin al nordeste de la isla. Ziwolka regresó en 1837 con el Saint Jelissej y la expedición científica Von Baër-H. Lehmann, después con Moiseiev en 1828-1839 a bordo de los barcos Novaia-Zemlia y Spitsbergen. En el curso de esta expedición Ziwolka y siete más perecieron a causa del escorbuto durante la invernada en la bahía Melkaia.


Kachevarov (1838) se dedicó al trazado del mapa de Alaska, posesión rusa hasta el 18 de octubre de 1867, fecha en que Alaska se hizo americana mediante compra.


Los viajes de Middendorf (1843-1844) abarcaron el itinerario Turuchansk península de Taimir-Vakutsk, en gran parte en la región del tjäle o suelo helado en profundidad. Maak (1855) continuó la exploración de Yakutia.


Comenzó un segundo período hacia 1870. En aquel año el gran duque Alexis, con el Variag, visitó Nueva Zembla, en tanto que los balleneros noruegos comenzaban a operar en el mar de Kara. El poderoso negociante en grano Sibiriakof vislumbró el éxito de una especulación que abriese la nueva ruta marítima a los cereales de Siberia. Este hombre de negocios, asociado al también negociante Dickson, de nacionalidad sueca, favoreció a Nordenskjöld en la empresa de inaugurar el paso del Nordeste. E. A. Tjaghin creó una estación de salvamento en Nueva Zembla, en la que fijó seis familias samoyedas en Malie-Karmakuly, en la costa oeste.


En 1894 comenzó una serie de expediciones que estudiaron la hidrografía de Barents y de Kara, expediciones que se prolongaron hasta 1914. Funcionaba una estación biológica desde 1881 en el mar Blanco, en las islas Solovetzki, que se trasladó en 1899 a Alexandrovsk en la península de Kola -desplazamiento significativo.


Galitzin (1896) y Borisov (1899-1901) exploraron a su vez Nueva Zembla, en tanto que Amalitzki proseguía sus trabajos geológicos en el Dvina interior. De 1898 a 1902 una misión sueco-rusa efectuó trazados en Spitzberg, donde se midió un segmento de meridiano de 460 kilómetros.


Mas el interés se concentraba en la costa de Murmansk, muchas veces libre de hielo en invierno. N. Knipovich y L. Breitfuss trabajaron allí diez años, desde 1898 a 1908, en las bases de una industria pesquera. Alexandrovsk (Poliarnoia en la actualidad) era punto de enlace de una flotilla de veleros y de un pesquero de focas, el Santa-Foka. Se estableció una estación de salvamento en Kola (1902).


Al mismo tiempo se continuaba el trabajo de exploración en el sector oriental. Partido de Vukutsk, Von Maysel reconoció la cuenca del Kolima (1868-1870). En 1891-1892, I. Cherski exploró los valles medios del río, así como del Indigirka y del Jana. Murió durante la expedición, pero antes descubrió montañas desconocidas.


Una de las mercancías principales de la región oriental de Siberia era desde el principio de los tiempos históricos el marfil fósil de mamut. Gran parte del suelo está construido por bancos de hielo continental, residuos de glaciar cuaternario, cubiertos por una capa de aluviones donde arraigan abedules enanos. Innumerables individuos de la especie Elephas primigenius, caídos en tiempos remotos en las quebraduras del glaciar, yacen congelados in situ desde hace milenios. De vez en cuando, la elevación de la temperatura, que ha reducido ya considerablemente la superficie de las islas siberianas, deja al descubierto un espécimen; a pesar del hedor amoniacal que despide, los perros y los zorros comen su carne, y los colmillos, largos y en espiral, suministraron en gran parte la materia prima de los célebres marfiles chinos.


Con objeto de salvar un animal completo se organizaron especialmente en San Petersburgo dos expediciones. Una, la de Herzer, en Berezovka, y otra en Sungarju en 1908, a cargo de Wollosovitch.


Entretanto, proseguían las expediciones topográficas; la de Tomatchev, en el Jatanga (1905-1906), después en Chukotski; Chitkow en la península de Jamal (1908), Kuznetsov en el Ural septentrional (1909) y Wollosovich en el Kolima y el Lena (1909-1910).


Merecen ser destacados dos nombres de precursores, el del almirante Makarov y el de Von Toll.


En 1899, el rompehielos lermak, ideado, construido y probado por Makarov, efectuó el primer crucero en el norte de Spitzberg hasta 81º 28' N. De este modo se construyó el barco necesario para los transportes al extremo norte en todos aquellos lugares en que el mar se cubre solamente de débiles hielos. Renovó Makarov su tentativa en 1901 en los parajes de Francisco José y Nueva Zembla, y después se ampliaron y perfeccionaron los rompehielos, dotándoles de depósitos en los que el agua puede ser aspirada o expulsada, lo que permite variar la estiba del barco y romper los hielos.


A bordo del barco Zaria, Von Toll, especialista de la exploración en trineo, llegó en 1900 a las islas de Nueva Siberia, a la búsqueda de la "Tierra de Sanikov", que imaginaba existir más al norte. Hubo de invernar a 76º 8' N. y 95º 4' E. en el archipiélago Nordenskjöld. Al año siguiente, el Zaria pudo acercarse a la isla Bennett, pero regresó para invernar en Kotelnoi. Von Toll y Seeberg llegaron a la isla Bennett, y Bialynitski a Nueva Siberia, pero el barco no pudo volver para recogerlos durante el verano. Bialynitski logró alcanzar la embocadura del Jana, marchando sobre el hielo, pero Von Toll y Seeberg perecieron.


Por último, anteriormente a la primera guerra mundial, los rompehielos aportaron a Rusia un archipiélago nuevo. Los barcos Taimir y Vaigatz partieron del estrecho de Bering en 1913-1914, bajo el mando de Vilkitski, el cual, desde 1910 a 1912 había dirigido los equipos topográficos en el Lena inferior. Detenido por el hielo en el cabo Cheliuskin, Vilkitski buscó un paso más al norte, y descubrió la Tierra del Norte (Severnaia Zemlia), grupo de islas entre 78º y 81º N. Recibieron entonces nombres monárquicos, que fueron después reemplazados, y se llaman en los mapas actuales Bolchevik, Revolución de Octubre, Pioner, Komsomoletz y Schmidt.


Pero el paso permaneció infranqueable durante aquel año y Vilkitski regresó a Vladivostok, recogiendo al pasar los documentos dejados por Von Toll en la isla Bennett. Ambos barcos volvieron a la carga en 1914, estuvieron a punto de triunfar y luego quedaron bloqueados. Pudieron llegar a Arkángel en 1915.


Se esbozaba de esta manera, en el crepúsculo de la época zarista, el enlace este-oeste, obra de gran envergadura de la época soviética en aquellas regiones.



La era de los zares terminó para los exploradores rusos con una doble catástrofe y un fracaso:


1: G. Brousilov, en 1912, partió con el Santa-Anna para examinar las posibilidades de caza de las costas siberianas del mar de Kara; quedó bloqueado por el hielo al oeste de Jamal el 29 de octubre y comenzó a derivar en dirección norte. El 14 de abril de 1914, a 83º 18' N. y 60º O., al norte de Francisco José, el piloto Albanov y once hombres dejaron el navío, en el que quedaban Brousilov con el resto de la tripulación y la enfermera Herminia Chdanko. Acompañado de un solo superviviente pudo Albanov llegar al cabo Flora, donde fue recogido por el SantaFoka.


Valerián Albanov nació en 1881 en Voronezh y fue criado por su tío en la ciudad de Ufá. A los diecisiete años ingresó en la Escuela Naval en San Petersburgo, donde se graduó en 1904. Prestó servicios a bordo de varios buques antes de firmar como teniente a bordo del Santa Anna dirigido por Georgy Brusilov para una expedición destinada a atravesar el Paso del Nordeste (Una hazaña que sólo se había realizado con éxito una vez antes, por el explorador finlandés Adolf Erik Nordenskiöld).


La expedición fue mal planeada y mal ejecutada por el capitán Brusilov, y el Santa Anna quedó atrapado en la banquisa del mar de Kara en octubre de 1912, cerca de la costa occidental de la península de Yamal. Los suministros eran abundantes, por lo que los oficiales y la tripulación se prepararon para una invernada, con la esperanza de ser liberados por el deshielo el año siguiente.
Sin embargo, durante 1913 el mar permaneció completamente helado.


A principios de 1914, el buque había ido a la deriva en el hielo, abandonando el mar de Kara e internándose en el océano Ártico, en una dirección al NW de la Tierra de Francisco José y no parecía probable que fuese liberado ese año tampoco. Albanov, en la creencia de que su posición era desesperada, pidió permiso al capitán Brusilov para ser relevado de sus funciones como segundo al mando y para abandonar el barco e intentar regresar a la civilización a pie. Albanov disponía del libro del viaje de Fridtjof Nansen como toda guía y tenía la intención de llegar a Hvidtenland (Tierra de Belaya), la isla más nororiental del grupo de Tierra de Francisco José. Albanov hacia uso del mapa muy poco exacto de la ruta de Nansen, lleno de líneas punteadas en las zonas en que el archipiélago no había sido aún explorado.


A Albanov, que en principio quería partir solo, se le unieron otros trece miembros de la tripulación, comenzando su viaje al sur-oeste en esquís, trineos y kayaks que construyeron con materiales de no mucha calidad encontrados en el Santa Ana. El avance fue dificultoso debido a las grietas en el hielo, las numerosas polinias y la abundancia de cordilleras que los hizo progresar lentamente.
La expedición no iba muy bien preparada y uno de los males que sufrieron fue no contar con protección para los ojos.


Después de una larga y penosa experiencia, sólo Albanov y otro tripulante, Alexander Konrad, llegaron hasta el cabo Flora en la Tierra de Francisco José, donde sabían que Nansen había dejado provisiones en un refugio construido en su expedición. Albanov y Konrad fueron rescatados a tiempo mientras se estaban preparando para el invierno por el barco ruso Saint Foka, de regreso de una expedición rusa al Polo Norte, en la que unos meses antes había muerto su capitán, Georgy Sedov. El barco estaba prácticamente desmantelado porque se había quedado sin carbón para navegar entre los icebergs. Así, antes de llegar a tierra, Albanov y su compañero pensaron sufrir de nuevo un problema ya vivido.


La casi imposible tarea de buscar a Brusilov (así como también a otra expedición desaparecida de manera similar, la del geólogo Vladimir Rusanov), fue confiada a Otto Sverdrup, que emprendió viaje con el buque Eklips en 1914-15. Sus esfuerzos, sin embargo, no tuvieron éxito y el destino de la expedición Brusilov aún se desconoce.


A su regreso, Albanov fue convencido para escribir sus memorias de su trágica aventura, que fueron publicadas por vez primera en San Petersburgo en 1917 con el título En el país de la muerte blanca, haciendo un juego de palabras con el nombre de Hvidtenland (Tierra Blanca) que le había dado Nansen. Albanov regresó al mar, pero murió tan sólo unos años más tarde. Las noticias aobre su muerte varían, en algunos casos se habla de muerte por fiebres tifoideas, y en otros su muerte ocurrió en la explosión de un vagón de ferrocarril que transportaba municiones en Achinsk, Siberia.


ESTUDIOS POSTERIORES
Los datos sobre la deriva de la Santa Anna en la banquisa del mar de Kara suministrados por Albanov fueron cuidadosamente estudiados en 1924 por el oceanógrafo soviético Vladimir Wiese. Detectó una rara desviación de la ruta del buque a la deriva causada por determinadas variaciones de los patrones del mar y de las corrientes de hielo. El profesor Vize consideró que la desviación fue causada por la presencia de una isla en ese momento aún por descubrir, cuyas coordenadas pudo calcular con precisión gracias a los datos de Albanov. Esa isla fue descubierta y posteriormente fue nombrado en honor de su descubridor teórico isla Vize.
En 1975, el experto historiador del Ártico William Barr escribió: «El nombre de Ivanovich Valerian Albanov debe ser clasificado entre los de los inmortales de la exploración polar».
Fuente sobre biografía y expición de Albanov: www.wikipedia.org



2: Partió este último a su vez en 1912 bajo el mando de Sedov y no pudo llegar en 1913 a Francisco José. Aun cuando no se hallaba en condiciones, Sedov partió en dirección al norte con dos hombres y veinticuatro perros, pero murió en el cabo Brorock. Con dificultad llegó el Santa-Foka a su base en septiembre de 1914, después de haber quemado toda su tabiquería por falta de combustible y haber sido apresado por un corsario alemán.


G. Y. Sedov (1877-1914)

3: Por último el Hércules, mandado por W. Rusov, con doce personas, entre las que había una mujer, Juliette Jean, se perdió de vista en el estrecho de Matochkin cuando hacía rumbo al este para explorar el mar de Kara (verano de 1912). Se encontraron vestigios de un campamento en 1935 en las islas Weisel y Besymjany, próximas al continente. Debió llegar a ellas Rusov en el otoño de 1912, pero indudablemente la expedición entera pereció después. Héroes desafortunados del pasado reciben, como es lógico, el homenaje de la U. R. S. S., heredera de una gloriosa tradición ártica.


 




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Nota 2: Parte de esta documentación ha sido extraida del Tomo IV de la "Historia Universal de las Exploraciones" por gentileza de la Editorial: ESPASA CALPE