El toponímico Pamiers no tiene parangón con ningún otro de la región. Se empieza a tener noticia de ella en 1111, cuando Roger II, conde de Foix, pacto con el abad Isarn, dueño del lugar. Durante la Primera Cruzada, el conde de Foix participo junto con otros señores occitanos, ganando laureles para la cristiandad.
En dicha ocasión, los cruzados permanecieron durante unos días en Apamea, ciudad de Asia Menor de la que las huestes cruzadas guardaron un buen recuerdo. Al regresar a su tierra, Roger II quiso que ese recuerdo permaneciera vivo y le dio el nombre a este lugar del Laguedoc. El paseo por Pamiers puede ser ilustrativo. Quedan todavía vestigios de las iglesias que fueron teatro de las controversias entre católicos y cataros. En aquella fecha estaban en pie dos iglesias hoy en muy mal estado. La ciudad fue entregada por los curas a Simon de Montfort y permaneció fiel durante la sublevación de 1209.