Peregrinos: Abilio Gálvez Castillo y Demetrio Alonso Hernández.
A cuento de que, dos prejubilados de Magneti Marelli con edades de 58 años Abilio y 54 Demetrio se deciden hacer el Camino de Santiago.
Todo surgió en la Escuela de Adultos de la Estación de Guadalajara C/ Rio Sorbe, donde nos matriculamos para hacer un curso de Internet, pues sentimos mucha curiosidad por las nuevas tecnologías y un buen día, navegando por la Red, utilizando el buscador AltaVista, se nos acercó nuestro profesor Salvador Sánchez y nos invitó a visitar su Web, (Buscador AltaVista ) «Paca y Salvador» donde explica con todo lujo de detalles, fotos incluidas, la ruta que él y su esposa Paca, hicieron el año pasado desde Roncesvalles, hasta Santiago y la verdad es que aunque nos parecía una historia que exigía demasiado sacrificio, pues los entrenamientos previos que él realizo, nosotros consideramos que con las caminatas que nos damos a diario creemos lo tenemos superado.
De todas formas decidimos sacar copia de la mencionada web para consultar con nuestras respectivas, Loli y Ángeles, por si se decidían a hacer con nosotros los entrenamientos necesarios para este evento, cosa que por distintos motivos casi dábamos por descartado, y no nos equivocamos, pero si conseguimos el visto bueno para hacerlo nosotros, debo de reconocer que nos costó mucho irnos a nosotros sin su compañía, pero después de analizarlo con detenimiento, y teniendo en cuenta que los entrenamientos previos ya los dábamos por hechos, pues las caminatas que durante los meses anteriores nos habíamos realizado recorriendo, Clavin, Sotillo, Iriepal Etc. Etc. nos sentíamos con la suficiente fuerza para poderlo realizar, solo nos faltaba comprar algunas cosas que Salva apunta en el capítulo de provisiones y consejos, y decidir día, y desde donde Por fin pensamos que el día Viernes siete de julio (San Fermín) es un día adecuado, como tenemos que pedir vacaciones por nuestra situación laboral nos ahorramos tres días, porque pensamos, que bajando al INEM a solicitarlas el Jueves para que el próximo Lunes nos empiecen a contar, pero la funcionaria que nos atendió no debía de estar en su mejor momento, y nos comunicó que los días de vacaciones empiezan a contar desde el día que se solicitan, entonces decidimos volver a bajar al siguiente día Viernes, para irnos el Lunes a primera hora y nos lo concederán, y cuando llegamos la funcionaria que nos atendió fue Marisol que por su parte todo fueron facilidades y nos pudimos irnos el día previsto (Viernes siete de Julio San Fermín).
Nos daba vergüenza ir andando desde el coche a la estación, pues la vestimenta mochila y gorra incluida, no nos parecía la más adecuada. Sacamos billete hasta Chamartín pues yo previamente me había informado por teléfono que el tren que partía hacia León, salía de Madrid a las 15:00 horas, Llegamos a Chamartín a las 14:00 horas y enseguida nos pusimos en cola a sacar los billetes, una vez sacados nos tomamos una caña y nos dispusimos a buscar los servicios, (que no fue fácil) y a las 14:15 nos bajamos a coger el tren, que en uno de los monitores de información indica que en el andén nº 16 salía el tren dirección León, los andenes tiene acceso por unas escaleras automáticas, y cuando bajamos nos sorprendió no ver ningún pasajero en los andenes y preguntamos a un funcionario de Renfe, si era el andén de donde partía el tren en dirección León y sorprendido nos dijo, enséñenme sus billetes, y al verlo nos indicó, este billete corresponde al tren que salió a las 11:00 de la mañana.
El tren dirección León está a punto de salir pero no de este anden, sin pensarlo un segundo subimos corriendo las escaleras y nos fuimos a la oficina de información, que al darse cuenta del error que con nosotros habían tenido, personalmente se interesó en resolvernos el problema, pues el tren estaba a punto de salir. Su hora de salida era las 14:30 horas, y no las a las 15:00 como a mí me habían informado por teléfono.
Nada más entrar al tren emprendió la marcha, pero a nosotros después del sofoco de ir corriendo con las mochilas nos quedaba buscar el asiento que el billete nos indicaba, cosa que si lo encontramos, pero ocupado por una pareja de edad avanzada que se habían equivocado, pues el nº de asiento si coincidía con los billetes que ellos tenían, pero el nº de tren se les había pasado por alto. Subsanado este pequeño contratiempo nos disponemos a colgar las mochilas, tarea nada fácil, y por fin pudimos respirar profundo, pues llegamos a pensar que nos faltaba reflejos para afrontar ciertas situaciones de alto riesgo que nosotros debemos de evitar. Una vez ya acoplados en nuestros asientos nos dedicamos a observar por la ventanilla como Madrid se queda a nuestra izquierda, y nos vamos introduciendo en la parte de la sierra donde el paisaje se va haciendo más atractivo, mientras vamos contemplando la variedad arquitectónica del sinfín de casas de campo, que a nuestro paso nos encontramos.
A la derecha de nuestro camino queda una bella estampa de la Sierra de Guadarrama, y a medida que vamos avanzando ya en la cima de la sierra atravesamos un pequeño túnel donde se divisan piaras de vacas negras pastando por verdes praderas, y se deja sentir un fresquito típico de altura, pero a medida que vamos avanzando y perdiendo altura, vamos dejando detrás ese paisaje serrano hasta que llegamos a la ciudad de Avila,
y donde el tren se detiene durante algunos minutos. Cuando inicia la marcha y por el lado izquierdo, que es el nuestro, intentamos ver las murallas que cercan la ciudad, bueno que la cercaban, porque se observan modernos bloques de viviendas que no han tenido cabida dentro del recinto amurallado, y pasada la ciudad «amurallada» los paisajes van perdiendo interés y nos acordamos que sería bueno comer algo pues hora ya es, y en las mochilas llevamos comida y nos disponemos a bajarlas tarea nada fácil, el tren va repleto, el pasillo es muy estrecho y para desenvolvernos por los compartimentos de las mochilas, fue todo un espectáculo pensamos que más de uno se lo paso bien a nuestra costa y sin pagar nada, pero de lo que se trataba era de comer, y lo hicimos.- Cuando estamos recogiendo la improvisada mesa el tren va perdiendo velocidad y es que llegamos a Arévalo.
Un pueblecito en el camino que no nos despierta ningún interés, donde el tren para lo justo para la carga y descarga de algún viajero, y enseguida emprende el camino, los paisajes que desde el tren se observan pudimos compararlos con los de nuestra campiña de Guadalajara y así hasta Medina del Campo.
En este pueblo parece importante por el trasiego de personas y nudos de comunicaciones que desde ventanilla observamos. Cuando emprendemos el viaje y pasados algunos kilómetros, en su agricultura el cultivo de huerta se hace presente, no en vano estamos atravesando parte de la Rivera del Rio Duero. Según vamos avanzando los cultivos de regadío van dejando paso a las grandes extensiones de cereal, pues estamos en «Tierra de Campos» donde los horizontes se alejan y la blancura de los rastrojos parece una enorme sabana, solo salpicada por las torres de los escasos campanarios por esta zona presentes, que durante varios kilómetros este paisaje se repite hasta llegar a la ciudad del Pisuerga, Valladolid
donde en tren se detiene largo rato y nos da tiempo a reflexionar del camino que nos falta por recorrer hasta el destino convenido, llegando a la conclusión que debe de ser la mitad del camino. El tren se mueve y es que ya nos vamos, se nota calor y nos entra algo de morriña. Dejamos de hablar durante largo rato, yo me levanto para estirar las piernas y de paso me acerco hasta el servicio, este está ocupado y debo de esperar, mientras me entretengo mirando por la ventanilla, donde el paisaje es una repetición de la etapa anterior, y es que todavía estamos en “Tierra de Campos» por fin se abre la puerta del servicio y de él sale una chica joven, al entrar a duras penas logro introducirme, pues la puerta es muy estrecha y en su parte posterior pega con un toallero y no se puede abrir del todo, en esos momentos mi acorde de los gordos.
Una vez dentro mi necesidad era la fácil, aunque con el movimiento del tren tampoco resulta fácil, y cuando regrese a mi asiento comenté a Abilio lo poco prácticos que resultan los servicios de Renfe, este asintió con un leve movimiento con la cabeza hacia bajo, pensé que no había descansado bien la noche anterior pensando en el viaje. El tren va perdiendo velocidad resultando que estamos llegando a Palencia.
un pueblo de León y cerca este, mi reacción fue volver a asomarme por la Ventanilla donde pude comprobar que las extensas llanuras de «Tierra de Campos» han dado paso a un paisaje de pequeños valles muy diferentes a lo que durante muchos kilómetros ha sido el paisaje habitual, y que detrás ya ha quedado, pensando que falta poco para llegar a León, se me ocurrió preguntar a una señora que acababa de salir del servicio, respondiéndome que ya falta muy poco tiempo, y decidí despertar a Abilio para trasmitirle la necesidad de ir descolgando las mochilas, pues estamos llegando a León.
Cuando arranca el tren lo hace cambiando su trayectoria, ahora vamos de cara al sol y en dirección Oeste la tarde va de capa caída y el fresquito se deja sentir los, paisajes verdes que por aquí se ven resultan atractivos, pues debemos estar bastante altos, en cultivo de cereal escasea y abundan más las parcelas de maíz y algunos prados con reses de vacuno, entretanto nos acercamos a Astorga
pues la parada es cortita y el tren va medio vacío a partir de aquí el fresco agradable que poco atrás se dejaba sentir ahora se ha vuelto a un frío desagradable, tal es así que tenemos que buscar el jersey aun sabiendo lo complicado que resulta tener que hurgar en los compartimentos de la mochila, según vamos avanzando las vistas van ganando en atractivo los picachos que vamos atravesando a través de túneles, los puentes que a lo largo se divisan de la nueva autopista de acceso a Galicia en construcción resultan espectaculares, una pena que se esté haciendo de noche y no poder contemplar este paisaje natural que resulta ser el comienzo de los Picos de Europa, de pronto observamos luces entremezcladas con las escombreras de las minas de carbón, resultando ser el pueblo donde por casualidad nos va a tocar pernoctar en régimen de albergue, preguntamos a un funcionario de Renfe por el pueblo próximo y nos confirmó lo que ya habíamos dado por hecho, además al preguntarle por el albergue nos dijo, que quedaba bastante retirado desde la estación, y optamos por ir en taxi. Cuando por fin para el tren para en Ponferrada.
Nos bajamos con decisión a montar al primer taxi de la fila y le comunicamos al taxista, al albergue por favor, este respondió al de arriba, contestando los dos a la vez siii, en el corto recorrido no hablamos nada, pues el conductor tiene cara de pocos amigos y no invita al dialogo, algunos minutos después y sin estar el taxi parado dice: son quinientas y es aquí, una vez descargadas las mochilas tocamos el timbre en la puerta de al lado, pero no salía nadie a abrirla, y el taxista que regresaba de darse la vuelta, se percató de la novatada y nos indicó es la otra puerta más adelante. una vez pasado el umbral de lo que sería nuestro hotel, hay un patio con mesas debajo de unos árboles y algunos chavales de tertulia donde se respira un ambiente de cierta tranquilidad, pero nosotros deseosos de saber dónde nos iban a ubicar nos dirigimos a la puerta de entrada donde hay una especie de mostrador de recepción, una vez aquí se nos acercó una joven presentándose, soy la cuidadora del Albergue y me llamo Aurea interesándose desde donde veníamos pidiéndonos que nos identificásemos, cuando comprobó que es la primera vez que, pisamos un albergue.
Nos facilitó el carnet de peregrino, y nos asignó la habitación donde debíamos de pasar la noche.-Una vez aquí nos dispusimos a dejar las mochilas y asesorarnos algo para después llamar a casa por teléfono y comunicarles el éxito del viaje para después ir a cenar, pero al preguntar a Aurea donde se podía cenar nos dijo que el albergue ya estaba cerrado, aunque nos concedía como una hora para volver, y como el pueblo está algo retirado decidimos cenar de las reservas que todavía nos quedan, además estamos algo cansados y mañana tenemos que iniciar la marcha, para cenar en vez de bajar al comedor que hay en la planta baja lo hicimos en la habitación improvisando una pequeña mesa que forma parte del escaso mobiliario del que disponemos, durante la cena el comentario que hicimos consistió en elogiar la curiosidad del albergue y la amabilidad con que Aurea nos atendió, pues al decirle lo que deberíamos de pagar por dormir y desayuno, nos dijo que la voluntad, pues añadió que los peregrinos los hay de distintas capas sociales y la cuota es voluntaria, añadiendo que ella ha sido peregrina y conoce el sacrificio que para muchas personas supone el tener que pagar aunque sea poco, además parte de los gastos de los albergues los financia el Ayuntamiento.
Después de la merienda cena decidimos acostarnos, son las once da la noche y el silencio en el albergue es total, lo difícil es introducirse dentro del saco y el poco espacio que existe entre literas dificultando los movimientos, bromeamos diciéndonos que mi cama es más grande que la tuya etc., por fin decidimos apagar la luz, no sin antes poner el reloj despertador a las seis de la mañana y desearnos descansar bien y despedirnos hasta mañana. Los pitidos de mi reloj despertador me hacen encender la luz y la triste realidad se impone, observo a Abilio hecho un ovillo metido dentro del saco de dormir en la litera de al lado, que sigue roncando como si del primer sueño se tratara, hube de hablarle con tono de voz subido, Abilio ya ha cantado el gallo, por fin reacciona y después de asearnos nos disponemos a recoger los trastos, cuando estamos a punto de bajar a desayunar Abilio se acuerda del carnet de peregrino que no sabe dónde lo había metido, y después de vaciar la mochila pensando lo había dejado dentro, resulta que por la noche se lo había dejado en la litera de arriba, cuando bajamos al comedor solo hay extranjeros y tenemos que copiar como se las arreglan, pues es una especie de bufe y cada uno debe de servirse lo que quiera, a mí las cafeteras me jugaron una mala pasada, después de probar con tres que al volcarlos no me daban café, y a otros sí, me percato de un pequeño artilugio que pulsándolo no se resistía, cuando terminamos de desayunar, (bien por cierto) nos consideramos obligados a pagar, y hubimos de buscar al cocinero del albergue para que nos cambiara moneda y poder dejar nuestra voluntad en la hucha que al efecto hay a la salida del alberque.
A este buen señor el cocinero del albergue, recurrimos para que nos indicara el camino a seguir, que nos lo indico, hasta dar vista a una carretera que nos conducía por el centro del pueblo, advirtiéndonos que con las flechas no íbamos a tener ninguna dificultad.
Cuando llevamos andado un kilómetro aproximadamente, y creo que estamos por el centro del pueblo de Ponferrada hemos dejado de ver las flechas que nos indican el camino a seguir, y tenemos que recurrir al primero que a nuestro paso nos encontramos por si nos puede indicar el camino correcto, pues se trata de un señor de largo bigote con pinta de despistado que al hacerle la pregunta del camino de Santiago hubimos de cambiar el rumbo atravesando por unas calles que nos despistaron bastante, y al no estar totalmente convencidos de la ruta que llevamos volvemos a preguntar y entre las explicaciones que nos dan, tenemos la opción de ir por camino o carretera, escogiendo carretera porque nos indica hay algunos kilómetros de ventaja y además el camino está muy deficiente.
Cuando por fin nos ponemos en la ruta correcta, pues se trata de una carretera con un arcén muy estrecho donde la precaución que debemos de llevar se convierte en una preocupación por la gran cantidad de tráfico que hay, por esta zona se observan gran cantidad de pequeñas industrias a ambos lados de la carretera donde su continuidad se hace presente durante varios kilómetros, hasta atravesar los pueblos de Columbrianos y Fuentes Nuevas
atravesando un rio del mismo nombre, la industria que por aquí observamos está directamente relacionada con las cooperativas de vinos, pasadas estas cooperativas y llegando a la autopista A6 un señor que en el lugar se encontraba haciendo faenas del campo nos indicó que no íbamos por el camino correcto, y debíamos de retroceder como un kilómetro para pasar por encima del puente que atraviesa la autopista,
para después coger el camino de la derecha, pasado el puente unos jóvenes peregrinos con bicicletas optaron por el camino de la izquierda pero nosotros por indicación del campesino nos cogimos el indicado dándonos cuenta del error al quedar este muerto en mitad de unos viñedos, donde decidimos pedir ayuda a unos labriegos de vid que nos marcaron el camino a seguir, hasta dar con el camino correcto .En este punto en mitad de un campo de viñedos, donde el bonito paisaje, y la agradable temperatura se funden, respirando un ambiente de tranquilidad difícil de describir, decidimos descargarnos las mochilas para descansar, pues llevamos más de dos horas de camino sin pararnos ni un segundo y merece la pena saborear el clima de este hermoso lugar llamado «El bierzo». La sensación que me causó al andar sin la mochila, fue de un desplazamiento doblado hacia delante como por inercia, pensando que aún llevaba la mochila acuestas.
Cuando iniciamos la marcha bordeando un canal de abundante caudal de agua clara donde aparecía y desaparecía con cierta facilidad, y cuando llevamos rato andando, divisamos a personas en fila india que nos hicieron pensar podían ser compañeros/ras de camino, y sin pensarlo más, decidí dar silbidos de pastor acompañados de voces con la frase «Eeeeeeeee, que vais mal» Abilio no aprobaba mi aptitud, por parecerle demasiado ordinaria, pero conseguimos que parasen hasta que llegamos donde estaban, resultando ser dos parejas de mozas peregrinas, que al acercarnos les confesamos nuestras verdaderas intenciones y consistían en juntarnos con alguien que por experiencia supiera más de camino que nosotros.-Las chicas lo aceptaron de buen grado y nos invitaron a seguir con ellas ya andando nos dijeron que dos de ellas vienen desde Roncesvalles y son de S. Sebastián y las otras vienen desde Tulousse (Francia) y son Malagueñas .- Seguimos andando juntos hasta el pueblo siguiente Cacabelos
donde pensamos es hora de comer algo y decidimos entrar en un restaurante que está situado a la derecha de la carretera y es conocido por «Casa Prada » o «Prada a Tope”, pues se trata de una enorme casa antigua con un patio, que en su planta baja está lleno de mesas al aire libre y su primera planta consta de varias salas, todas ellas comunicadas por una hermosa balconada dando vistas al patio, en una de las salas, hay varias maquetas donde exponen casas típicas de esta zona, (pues merece la pena verlo.
Nos sentamos en la balconada y al reclamar al camarero nos comunica que debemos de esperar, porque todavía no les ha ido el panadero, las chicas junto con Xose, que acaba de incorporarse, deciden esperarse hasta que traigan el pan del día porque en este restaurante invitan a pan y vino a los peregrinos, Abilio y yo nos tomamos, él una caña y yo café y decidimos ir avanzando, pero de pronto nos topamos de frente con un supermercado y optamos por entrar a comprar algo, pues lo primero que vemos son barras de pan y un expositor de vinos de la zona, y no nos resistimos a hacer la compra, pocos metros después nos paramos en un parque público a orillas del Rio Cua,
donde nos sentamos (Foto de Abilio comiendo) a desayunar, el ambiente que aquí se respira es de una tranquilidad total, el parque está muy cuidado y enfrente de donde estamos sentados comentamos lo bonitos que están los rosales de la casa del guardes del parque, una vez que terminamos de comer decidimos seguir el camino y lo primero atravesamos un bonito puente de piedra, para encontrarnos a la derecha con una espectacular Iglesia donde Abilio me sacó una foto en su portada principal y, seguidamente continuamos por una carretera
y poco más adelante por fin, se coge el camino de la derecha, que sin ser bueno y estar mal señalizado se avanza mucho mejor que por la carretera, por detrás viene pisándonos los talones un peregrino cojo, que resultó ser Xose el que habíamos dejado en el restaurante de Cacabelos, y le preguntamos donde ha dejado a las chicas y nos dice que se habían quedado cuñando, al principio me dio la risa, pues mi imaginación no fue por el significado de poner el cuño en el documento acreditativo de peregrino.- Con Xose caminamos durante un buen rato nos dijo que es la segunda vez que hace el Camino de Santiago y lo hace desde Roncesvalles, al comentarle el buen tiempo que nos está haciendo, nos dice que él es de A Coruña y por esta zona siempre hace bueno, refiriéndose a que el calor no es tan sofocante como por los campos dejados detrás, el problema suyo es la tendinitis que tiene, pero que es mejor no hacerle demasiado caso, y con esta conversación se nos adelanta dejándonos atrás, poco más adelante empezamos una larga bajada donde por fin de pronto nos topamos con la hermosa estampa de Villafranca del Bierzo, donde los tejados de las casas son de pizarra, antes de entrar al pueblo bebimos agua en la fuente que hay al lado del albergue municipal donde casi hay que tumbarse para poder beber del caño, aquí preguntamos a un peregrino, que alberque sería mejor, este nos dijo que el llamado FENIX, regentado por una familia inglesa llamada «Jato», tenía mucha fama y él iba a ir a él, y a nosotros nos convenció. A la izquierda del camino nos encontramos con una solitaria Iglesia de estilo románico,
donde una señora bastante desaliñada nos cuñó y nos condujo a un habitáculo para mayores de cuarenta años donde nos asignó nuestras literas, a mí me tocó una de la parte de arriba, donde había una pequeña cavidad dentro de la pared con espacio suficiente para dejar las botas y algunas cosas más, a Abilio se la asignaron en la parte de abajo, cosa que agradeció, porque el acceso a la parte de arriba no es nada fácil y por su peso la caída puede ser peor.-Una vez liberado de la mochila me apetecía darme una ducha y así lo hice, las duchas resultó ser de lo más original, pues son de cemento con basares de piedra para dejar el jabón y demás etc., el agua sobrante discurre por una reguerilla a un desagüe común con las demás duchas, además estas duchas son comunes para hombres y mujeres y me resulta chocante ver hombres y mujeres que están haciendo la colada en los lavabos, a cuya tarea me sumo, pues decidí lavarme la ropa interior, con la misma pastilla de jabón «Lagarto “que me había duchado, para después tenderla donde quedaba algún hueco en las cuerdas de un descampado que debe de ser propiedad de la familia Jato, hecha esta importante labor que desde los tiempos de la mili no había vuelto a hacer, fui a buscar a Abilio, pues es hora de ir pensando en comer, y preguntamos a la señora Jato si daban de comer en el Albergue, pues hay un rotulo que pone » Menú del día 900Ptas» y nos contestó que el día anterior se les había ido la cocinera, cosa que nos alegramos, decidimos bajar al pueblo, digo bajar, porque en este pueblo solo hay bajadas y lógicamente subidas, al acercarnos al pueblo comentamos la difícil ubicación de una bonita Iglesia que tenemos de frente,
que resultó ser la de San Francisco, y que casas más rusticas, todo en este pueblo resulta original, por fin llegamos a una céntrica plaza, donde entramos a tomar unas cañas y preguntamos por casas de comidas, indicándonos que hay varias por esta zona, y bajando por unas escaleras muy pronunciadas nos metimos en un restaurante ubicado en un semisótano donde nos atendió una camarera de grueso calibre y una adolescente, que Abilio la bronqueo por unas hojas lacias de lechuga, que nos había puesto en la ensalada. Cuando terminamos de comer decidimos regresar al albergue a descansar, no sin antes darle la vuelta a la ropa que había dejado tendida, para su mejor secado, cuando terminamos la siesta son las cinco de la tarde y nos sentimos frescos para continuar la marcha, cosa que sin pensarlo dos veces, le pedimos la cuenta a la Sra. Jato 400 Ptas. (La voluntad) recogimos los trastos y sin saber el destino nos pusimos en marcha, bajamos desde el Albergue y atravesamos un puente y seguidamente cogemos una carretera de asfalto donde todo es subir por un arcén muy estrecho y la valla de protección quitamiedos, porque abajo está el Rio Valcarce presente durante largo rato . De pronto nos topamos con la carretera general que se hace presente desde la salida de un túnel y debemos de atravesarla, para continuar por nuestra izquierda, carretera arriba donde el peligro se multiplica porque la circulación de camiones es muy intensa y la valla quitamiedos y el Rio Valcarce siguen estando presentes durante varios kilómetros, a mí me está entrando la pájara, pues me siento cansado e invito a Abilio a parar a descansar un poco y de paso beber agua cosa que acepta aunque sin reconocer mi cansancio, pues él dice estar más fresco que una lechuga, minutos después y con un calor sofocante emprendemos la marcha y dejamos a nuestra derecha un letrero indicando el albergue de
Trabadelo pueblo situado a la derecha de la carretera y que se extiende a lo largo de esta y es durante muchos metros, en este pueblo alargado nos resistimos de preguntar dónde se encuentra el albergue, pero al ver que no hay letrero que lo indique, preguntamos a un grupo de mujeres que haciendo tareas de costura se encuentran sentadas al sol, y nos indican, que en este pueblo no hay albergue y el próximo está a tres o cuatro kilómetros, le comunico a Abilio que no estoy dispuesto a seguir andando y echando la vista hacia atrás veo dos restaurantes de carretera y convenzo a Abilio para regresar y preguntar si nos dan cobijo, cosa que acepta, en el primero que preguntamos no tienen camas libres y decidimos atravesar la carretera al otro que tiene por nombre
LAS GALAZLAS que nada más entrar y sin preguntar por habitaciones nos tomamos unas cañas que nos supieron a gloria, al pagar las cañas preguntamos a la camarera que nos sirvió, por habitaciones con ducha, diciéndonos que iba a consultarlo. cinco minutos después nos dijo que tenía una habitación con dos camas y baño independiente, para enseñárnosla hubimos de salir al exterior del restaurante, pues su acceso resultaba un poco difícil, al tener que subir por unas escaleras y pasar por un callejón de obra un tanto complicado, pero la habitación en cuestión nos pareció muy decente, y el precio acorde a nuestras posibilidades . Una vez instalados nos duchamos y nos bajamos al restaurante para cenar, que por cierto cenamos estupendamente, y la conversación de la cena resulto bastante animada, pues versó sobre la religión, que aunque nuestras creencias no son del todo coincidentes, llegamos a la conclusión que por ir a misa no se es mejor. Cuando terminamos de cenar llamamos a casa y pagamos por adelantado el hospedaje, porque mañana domingo a primera hora queremos iniciar el camino, y el restaurante está cerrado.