La época británica
La batalla de Waterloo, al consagrar el derrumbamiento de Napoleón, hizo de su antigua y victoriosa enemiga, Inglaterra, la primera potencia mundial. Se abre así la época del Rule, Britannia, on the waves. Muy pronto, el Almirantazgo inglés volvió a emprender el trabajo de exploración del que Cook, en el siglo anterior, diera el ejemplo más destacado. Dos zonas solamente quedaban por reconocer en los mares del mundo; nada se sabía prácticamente de las regiones situadas entre 70º de latitud y los dos polos. Su valor económico propio, negado por largo tiempo, no se advertía por parte alguna; pero ¿y si se pudiese, con fines comerciales y estratégicos, abrir por fin los antiguos y legendarios pasos del nordeste y del noroeste, e incluso -quién sabe- sustituirlos por un paso directo en la proximidad del Polo Norte?.
Éstas eran las perspectivas que obsesionaban a John Barrow, secretario del Almirantazgo, hombre muy aficionado a los viajes, autor de una Historia de las exploraciones polares y más tarde fundador de la Real Sociedad Geográfica. Barrow consiguió interesar al Parlamento inglés, el cual creó un premio de 5.000 libras esterlinas para el primer marino que franquease el 110º oeste, partiendo del norte de América, y otro de 2.500 libras para el que, siguiendo la ruta hacia el norte, rebasase el 89º de latitud norte. Se trataba, pues, por una parte, de unir los trazados relativamente conocidos del mar de Baffin y de la bahía de Hudson a los jalones plantados por Hearne (1770) y Mackenzie (1789) en la costa noroeste del Canadá y, por otra parte, de llegar prácticamente al Polo.