Habiendo llegado a la conclusión, por error, de que el extremo norte de Smith Sound estaba cerrado por tierra, Ross se dirigió en cabeza hacia el suroeste, al Jones Sound, y una vez más, erróneamente, pensó que observaba tierra en la parte inferior de la entrada. Más al sur, la entrada del Lancaster Sound —entre isla de Baffin, al sur, e isla Devon, al norte— estaba libre de hielo y el 31 de agosto ambos buques se internaron en él hacia el oeste. Como a menudo ocurrió durante el viaje, el Alexander quedó retrasado a una distancia considerable del Isabelle. Con lo que parecía ser mar abierto al oeste, Parry destacó en su diario privado que «el oleaje llega del noroeste, compás, (esto es, sur-suroeste verdadero) y sigue igual que en el océano. Es imposible señalar esta circunstancia sin sentir la esperanza de que esto puede ser causado por que esta entrada es un pasaje a un mar al oeste de este».
Sin embargo, Ross estaba una vez más convencido de que era «tierra rodeando la parte baja de la bahía» en forma de una cadena de montañas que bloqueaban el acceso hacia el oeste. A esa cadena le dio el nombre de «Crocker Hills», en honor del primer secretario del Almirantazgo, John Wilson Croker y decidió dar la vuelta para explorar la costa oriental de la isla de Baffin. Parry, que no había visto esas montañas, se mostró decepcionado por la decisión de su comandante y siguió convencido de la posibilidad de la existencia de un pasaje a través del Lancaster Sound. La expedición regresó a Inglaterra para evitar la invernada en el Ártico, llegando a Deptford (Londres) el 21 de noviembre. Inmediatamente el desacuerdo entre Ross y Parry por la existencia de las «Croker Hills» se hizo público y Barrow se apresuró a criticar la decisión de Ross de dar marcha atrás (otros oficiales también mostraron su disconformidad, como hizo Edward Sabine, conocido botánico).
La expedición no cumplió las expectativas, y en cierta medida perjudicó la reputación de Ross, quien alcanzó el rango de capitán a su regreso. Barrow protagonizaría los años siguientes nuevas expediciones al ártico que demostrarían que esas «Crocker Hills» no existían, y que debieron de ser uno de los habituales espejismos en esas latitudes o, a lo sumo, una cadena de icebergs. Eso arruinó la reputación de Ross.