Vanos intentos de ir a la isla de Beechey
En julio de 1854, el hielo aún aprisionaba la bahía de Rensselaer y Kane era consciente de su peligrosa posición. Kane, con otro tripulante, trató desesperadamente de llegar en bote hasta la isla de Beechey, a más de 1.400 km de navegación, con la esperanza de encontrar allí alguno de los barcos ingleses que buscaban a Franklin y le pudieran prestar asistencia. Navegaron por las aguas que comenzaban a quedar libres, pero el hielo impenetrable los obligó a regresar después de haber sido incapaces de llegar ni siquiera a cabo Parry, a unos 200 km al sur, en la península groenlandesa de Tierra de Steensby. En el curso de esta situación cada vez más desesperada, el acuerdo comercial con los inuits dio sus frutos y en agosto de 1854 los aprovisionaron. A fines de ese mes, el 28 de agosto, tras el aprovisionamiento, ya estaba claro que el barco no iba a quedar libre. Varios miembros de la tripulación comenzaron a hablar de un plan de escape y Kane no podía, en conciencia, obligarlos a permanecer. Anunció el 29 de agosto que en caso de que cualquiera desease marchar, él no iba a detenerlo. Otros nueve eligieron permanecer con él. A los demás les hizo firmar documentos que acreditasen que eran desertores y que Kane ya no era responsable de ellos. Kane, para su honra y logrando refrenar su ira, deseó a los hombres buena suerte y les aseguró que, en el caso de que decidieran regresar, serían bien recibidos.
Hayes, con otros ocho miembros de la expedición, los más fuertes incluidos dos oficiales, dejaron a Kane el 5 de septiembre y emprendieron el camino hacia el sur con el objeto de llegar a Upernavik, a 800 km, prefiriendo el peligro de ese viaje a pasar un segundo invierno en el hielo. La anotación en el diario de Kane recoge: «No puedo dejar de sentir que algunos de ellos regresaran, abatidos y sufrientes, a buscar un refugio a bordo. Deberán encontrarlo... pero si yo nunca regreso a casa y pueden encontrarla el Dr. Hayes o Mr. Bonsall o Master Sonntag, dejémosles cuidar sus pieles».
Kane se dispuso a pasar un nuevo invierno, que esperaba no sería tan duro como el anterior ya que habían aprendido valiosas lecciones y contaban con el auxilio de los inuit, pero fue una pesadilla. Los expedicionarios a pie, después de grandes sufrimientos y también con la ayuda de los inuit que los condujeron en la larga noche polar, regresaron al Advance el 12 de diciembre, en un estado de casi total inanición. Kane los recibió amablemente, aunque la partida de Hayes pareció a los que se quedaron casi una deserción. El mismo Dr. Hayes sufría principio de congelación en los dedos de un pie y Kane debió amputárselos.