ARTICO

HISTORIA DE LAS EXPLORACIONES POLARES

1853 - 1855. Elisha Kent Kane. Segunda expedición al Ártico. En busca de Franklin.

1853-1855 Elisha Kent Kane. Segunda expedición al Ártico

Kane organizó y dirigió una segunda expedición de rescate, financiada nuevamente por Grinnell y también por George Peabody en cooperación con autoridades científicas. Zarpó de Nueva York 31 de mayo de 1853 con una tripulación de 18 hombres y un único barco, el Advance, pequeño y robusto, diseñado para resistir la furia del Ártico. Llegaron al puerto ballenero de Upernavik, en la costa occidental groenlandesa, el 17 de julio, e incorporaron dos tripulantes más: Hans Hendrick, un joven esquimal de 19 años, y Carl Petersen, una danés de 38 años de edad que dominaba el idioma esquimal (el inuktitut) y estaba familiarizado con al conducción de trineos de perros. Pasaron el cabo de York el 4 de agosto y la isla Littleton el día 7 (Life-boat Cove (caleta Salvavidas), al este de la isla, recibió su nombre por el escondite de botes salvavidas y provisiones dejadas allí).
Elisha K. Kane. Fuente: wikipedia.org

Refugio invernal en Van Rensselaer Harbor, actual bahía Resselaer

Kane siguió hacia el norte a lo largo de la costa de Groenlandia, cruzando las aguas del Smith Sound y superando la navegación más al norte hasta esa fecha, la de Edward Augustus Inglefield. Siguieron al norte y entraron en una zona más amplia (la actual cuenca Kane), pero los fuertes vendavales y los grandes témpanos, con la banquisa formándose ya, lo llevaron a buscar refugio, que encontró el 24 de agosto en Van Rensselaer Harbor (la actual bahía Resselaer, que lleva el nombre de la casa natal de la familia Kane) (78°37′N 70°40′O). La tripulación se preparó para el invierno construyendo en la costa un almacén para víveres, hicieron una cubierta de madera para proteger el barco y una jaula para los perros. Los reiterados intentos de librarse de las ratas del barco fueron un éxito, pero los métodos provocaron momentos de ansiedad; el primer intento con humos nocivos casi mató al cocinero, y el segundo, la asfixia por monóxido de carbono, hizo arder la cubierta y causó la pérdida de conocimiento de Kane y otro tripulante mientras luchaban contra el fuego.
Bahía Resselaer. Fuente: www.antropologiainuit.com/el-viaje-polar-mas-extraordinario-de-la-historia/

Descubrimiento del glaciar Humboldt

Kane se dispuso a recoger registros meteorológicos de acuerdo con unos protocolos desconocidos en los viajes polares hasta el siglo XX —esos registros fueron publicados como anexos de su libro de este viaje— y durante ese otoño dispusieron varios escondites con alimentos para el viaje de primavera. El invierno fue largo, las provisiones comenzaron a escasear y la tripulación cayó presa del abatimiento de la larga noche polar, y muchos sufrieron escorbuto. Todos los perros enfermaron y murieron nueve de ellos, lo que imposibilitó cualquier travesía en trineo.

Pero afortunadamente no murió ningún tripulante y recuperaron al ánimo en la primavera del año siguiente. En marzo de 1854, la tripulación fue espiada por varios cazadores inuit de Etah que hacían su recorrido de caza estival. Etah, un pequeño asentamiento a tan solo 80 millas al sur, en la costa de bahía Hatherton (ribera oriental del Smith Sound) era en ese momento el asentamiento inuit más septentrional del mundo y fue abandonado por las duras condiciones climáticas, 78°19′N 72°28′O. Se los invitó a bordo, compartiendo morsa cruda que los inuit habían traído consigo. Con la ayuda de Peterson, Kane fue capaz de comunicarse con los inuit, recabando su ayuda para el próximo invierno.

Etah es un antiguo asentamiento inuit . Fuente: alexhibbert.com/blogx/2012/9/17/our-route-this-winter.html

Descubrimiento del glaciar Humboldt

Comenzaron las partidas de búsqueda y los estudios de reconocimiento geográfico. Una partida al noreste, realizada por Kane en abril, no obtuvo ningún resultado de Franklin, pero descubrió y nombró el enorme glaciar Humboldt, que drena la parte noroeste de Groenlandia, así como una interesante formación rocosa, el monumento Tennyson. Descubrieron aguas abiertas más allá del glaciar, pero los intentos de llegar a esa esperada polinia no tuvieron éxito. Otra desafortunada partida, en marzo, provocó la muerte de dos de sus hombres y las mutilaciones por congelación de otros dos.


El enorme glaciar de Humboldt, cuyo frente es de 110 kilómetros de longitud, descubierto por E. K. Kane en Groenlandia en 1853 (De Artic Explorations, de Kane. Filadelfia, 1856. Según un croquis del autor)

Cartografía de la Tierra de Grinnell

Isaac Israel Hayes, el cirujano de la expedición, y William Godfrey, partiendo el 20 de mayo, lograron en doce días de travesía cruzar las aguas heladas de la actual cuenca Kane y estar de vuelta, y fueron capaces de cartografiar un tramo de costa de la que Kane había bautizado como «Tierra de Grinnell», ya que desconocían si formaba parte de la isla de Ellesmere o era otra tierra diferente. Llegaron a los 79°43" N, a las proximidades del cabo Fraser. Hayes fue el primer explorador en poner sus pies en esas latitudes tan al norte de Ellesmere. Otros dos miembros de la expedición, Hans Hendrik y William Morton, en otra partida a través de la costa groenlandesa, lograron atravesar el glaciar Humboldt y consiguieron alcanzar la parte sur del cabo Constitución el 24 de junio (alrededor de 80°35′ N), en la ribera oriental del canal Kennedy. Desde una altura unos 460 m, mirando al norte, vieron abiertas las aguas tan lejos como su vista podía alcanzar, probablemente hasta cabo Lieber (81°32′ N); habían encontrado el canal de Kennedy abierto, una condición que se da nueve de cada diez años, y que ellos supusieron llevaba directo al esperado Mar Polar Abierto («Open Polar Sea»). Kane intentó llegar a este punto y comprobarlo por sí mismo, pero el invierno se echó encima y las duras condiciones del hielo se lo impidieron.
Tierra de Grinnell

Vanos intentos de ir a la isla de Beechey

En julio de 1854, el hielo aún aprisionaba la bahía de Rensselaer y Kane era consciente de su peligrosa posición. Kane, con otro tripulante, trató desesperadamente de llegar en bote hasta la isla de Beechey, a más de 1.400 km de navegación, con la esperanza de encontrar allí alguno de los barcos ingleses que buscaban a Franklin y le pudieran prestar asistencia. Navegaron por las aguas que comenzaban a quedar libres, pero el hielo impenetrable los obligó a regresar después de haber sido incapaces de llegar ni siquiera a cabo Parry, a unos 200 km al sur, en la península groenlandesa de Tierra de Steensby. En el curso de esta situación cada vez más desesperada, el acuerdo comercial con los inuits dio sus frutos y en agosto de 1854 los aprovisionaron. A fines de ese mes, el 28 de agosto, tras el aprovisionamiento, ya estaba claro que el barco no iba a quedar libre. Varios miembros de la tripulación comenzaron a hablar de un plan de escape y Kane no podía, en conciencia, obligarlos a permanecer. Anunció el 29 de agosto que en caso de que cualquiera desease marchar, él no iba a detenerlo. Otros nueve eligieron permanecer con él. A los demás les hizo firmar documentos que acreditasen que eran desertores y que Kane ya no era responsable de ellos. Kane, para su honra y logrando refrenar su ira, deseó a los hombres buena suerte y les aseguró que, en el caso de que decidieran regresar, serían bien recibidos.

Hayes, con otros ocho miembros de la expedición, los más fuertes incluidos dos oficiales, dejaron a Kane el 5 de septiembre y emprendieron el camino hacia el sur con el objeto de llegar a Upernavik, a 800 km, prefiriendo el peligro de ese viaje a pasar un segundo invierno en el hielo. La anotación en el diario de Kane recoge: «No puedo dejar de sentir que algunos de ellos regresaran, abatidos y sufrientes, a buscar un refugio a bordo. Deberán encontrarlo... pero si yo nunca regreso a casa y pueden encontrarla el Dr. Hayes o Mr. Bonsall o Master Sonntag, dejémosles cuidar sus pieles».​

Kane se dispuso a pasar un nuevo invierno, que esperaba no sería tan duro como el anterior ya que habían aprendido valiosas lecciones y contaban con el auxilio de los inuit, pero fue una pesadilla. Los expedicionarios a pie, después de grandes sufrimientos y también con la ayuda de los inuit que los condujeron en la larga noche polar, regresaron al Advance el 12 de diciembre, en un estado de casi total inanición. Kane los recibió amablemente, aunque la partida de Hayes pareció a los que se quedaron casi una deserción. El mismo Dr. Hayes sufría principio de congelación en los dedos de un pie y Kane debió amputárselos.
Mapa de la expedición

Segunda invernada

Los inuit también lo pasaron mal ese invierno y el grupo de Kane preparó una expedición de caza conjunta con ellos para abatir una morsa, lo que permitió a ambos grupos sobrevivir hasta que mejoró el tiempo. Ese segundo invierno volvió el escorbuto y cuando llegó la primavera la tripulación estaba en un estado deplorable. La única opción era abandonar el barco e intentar alcanzar en los botes Upernavik. El buque fue abandonado oficialmente el 20 de mayo, y partieron sobre trineos y arrastrando tres botes, llegando a mediados de junio a Etah. El 17 de junio partieron y Kane lanzó sus botes en aguas abiertas, cerca del cabo Alexander. Con esfuerzos infatigables, la tripulación, en parte herida y con algunos inválidos, logró trasladar los registros e instrumentos más importantes, en un recorrido de más de 80 km por un rugoso y difícil campo de hielo.
Cabo Alexander y Etah. Fuente: https://richedwardsimagery.wordpress.com/

Travesía peligrosa

Fue una travesía muy peligrosa, con fuertes vientos y nevadas entre icebergs y témpanos, y un hombre, Ohlsen, murió y fue enterrado en la isla de Littleton en el cabo que aún lleva su nombre. Doblaron el cabo York el 21 de julio y, avanzando rápidamente hacia el sur por la bahía de Melville entre el hielo fijo («fast-ice», un hielo anclado a tierra, que no está a la deriva), fueron avistados por un ballenero danés que los llevó el 6 de agosto de regreso a Upernavik, 84 días después de haber partido.

Mientras, en Norteamérica se temía por su suerte y el presidente Franklin Pierce autorizó una expedición de búsqueda que partió de Nueva York el 31 de mayo y se encaminó hacia el área al sur de Etah. Al no encontrarlos regresaron y lograron llegar a tiempo, ya que partían de Godhavn (en isla Disco) hacia las islas Shetland en una barco danés. Kane regresó a Nueva York el 11 de octubre de 1855.
Isla de Upernavik. Fuente: www.e-tidsskrifter.dk

Búsqueda de Franklin sin resultados

La búsqueda de Franklin fue infructuosa, pero Kane aumentó mucho los conocimientos de las tierras árticas. Sus observaciones fueron más valiosas y completas que las de cualquier expedición anterior, ampliando nuevas tierras, las más septentrionales en su día, y dando a conocer al mundo la vida y las costumbres del asentamiento esquimal Etah. La expedición perdió solo tres hombres y pasó a los anales de la exploración del ártico como el arquetipo de victoria sobre la derrota. Al año siguiente, Kane publicó un libro en dos volúmenes, Arctic explorations: The second Grinnell expedition in search of Sir John Franklin, 1853, 54, 55, en el que detalla las privaciones y penurias que tuvieron que soportar y permite conocer en detalle la calidad de su liderazgo, y en el que se ve su atención a las cuestiones diplomáticas, como la relación con los inuit y el tratamiento humano que dio al episodio de secesión. Fue un enorme éxito y Kane, por su constancia, energía, fortaleza y hombría (a pesar de algunas exageraciones que lo empañan), supo conectar con el espíritu de América. El libro marcó el inicio de la investigación científica en la región y fue un espaldarazo a las expediciones árticas americanas y, sin duda, emocionó a muchos jóvenes y les hizo acometer nuevas exploraciones. Tras él, sus compatriotas Israel Isaac Hayes, Charles Francis Hall, Augusto Greely y, finalmente, Robert Peary, que conquistó el Polo Norte, harán tener a Estados Unidos una posición dominante en la exploración polar.
Segunda invernada en Groenlandia (Kane está en el centro). Grabado de J.M. Butler basado en un apunte de Kane.

Arctic explorations: The second Grinnell expedition in search of Sir John Franklin, 1853, 54, 55

El esfuerzo por escribir el libro, además de los padecimientos sufridos, fueron mermando su salud. Pese a ello, visitó Inglaterra en noviembre de 1856 para cumplir su promesa de entregar personalmente su informe a Lady Franklin, y luego navegó a La Habana, en un vano intento de recuperar su salud. Murió allí el 16 de febrero de 1857, a los 37 años. El gobernador de Cuba acompañó personalmente sus restos hasta Nueva Orleans. De Nueva Orleans a Cincinnati, las orillas del Misisipi estaban repletas de gentes con sus plegarias que expresaban su dolor; el trayecto en tren de Cincinnati a Filadelfia tomó casi cuatro días a causa de la multitud que le quería rendir homenaje. Su funeral fue el más grande en la historia de Estados Unidos hasta esa fecha, solo superado por el de Abraham Lincoln un lustro más tarde.
Grabados en acero, de E. K. Kane, Artic Explorations, the Second Grinnell Expedition, 1833-1835, según croquis del autor (Filadelfia, 1856)