Bloqueados en el hielo
"El hielo compacto en el que el barco quedó definitivamente inmovilizado medía una longitud de 40 m. por 25 de ancho..., más de una vez el campo de hielos recientes se vio empujado hacia la costa por las violentas tempestades del otoño se dejaban oír ruidos y crujidos espantosos de vez en cuando en los flancos del navío, lo que probaba de modo más que evidente que no se hallaba al abrigo de las presiones; sin embargo, no hubo que lamentar ninguna avería notable, a pesar de que durante los intensos fríos se oyesen fuertes detonaciones, mientras se ponían de manifiesto grietas en el casco, causadas por filtraciones, que se convertían inmediatamente en hielo."
Fue lo que se llama una invernada sin historia. Por amenazado que estuviese el casco del Vega, totalmente cubierto de nieve, ofreció a su tripulación un refugio templado: 15º, mientras que en el exterior el termómetro descendía a -50º. Muy cerca se construyó un refugio de nieve, en el que los técnicos procedían a sus observaciones.
Al mismo tiempo, como dos pequeños grupos de tiendas, siete en cada uno, se levantaban sobre la duna de la costa, se iniciaron relaciones amistosas con los indígenas de Chukotski.
Los mirones terminaron por considerar el Vega como punto de paseo, adonde llegaban desde muy lejos, sea para recibir un paquete de tabaco o un vaso de aguardiente, que en su lengua denominaban ram.
Cuando la estación se hizo más dura, el pan de Suecia, cambiado por herramientas, pieles, grasa de ballena o de foca, ocupó el primer plano de las transacciones. Sin embargo, los indígenas ignoraban el ruso y el inglés, excepto la frase "buenos días", por cuyo motivo el teniente Nordquist se puso sin descanso a estudiar su lenguaje, consiguiendo en algunas semanas hacerse comprender bastante bien. De este modo, resultó posible recoger copiosa información detallada respecto a las costumbres del país, sus recursos y, sobre todo, al estado del mar en las distintas estaciones.