Expedición Brusilov.
La expedición fue mal planeada y mal ejecutada por el capitán Brusílov, y el Santa Anna quedó atrapado en la banquisa del mar de Kara en octubre de 1912, cerca de la costa occidental de la península de Yamal. Los suministros eran abundantes, por lo que los oficiales y la tripulación se prepararon para una invernada, con la esperanza de ser liberados por el deshielo el año siguiente .
Sin embargo, durante 1913 el mar permaneció completamente helado. A principios de 1914, el buque había ido a la deriva en el hielo, abandonando el mar de Kara e internándose en el océano Ártico, en una dirección al noroeste hacia la Tierra de Francisco José y no parecía probable que fuese liberado ese año tampoco. Albánov, en la creencia de que su posición era desesperada, pidió permiso al capitán Brusílov para ser relevado de sus funciones como segundo al mando y para abandonar el barco e intentar regresar a la civilización a pie. Albánov disponía del libro del viaje de Fridtjof Nansen como toda guía y tenía la intención de llegar a Hvidtenland (Tierra de Belaya), la isla más nororiental del grupo de Tierra de Francisco José. Albánov hacía uso del mapa muy poco exacto de la ruta de Nansen, lleno de líneas punteadas en las zonas en que el archipiélago no había sido aún explorado.
Como todo nuestro conocimiento lo extraíamos de las experiencias de Nansen, tratábamos de su libro como un valioso tesoro. Lo he releído tantas veces que podría citar de memoria pasajes enteros.
Valerián Albánov, En el país de la muerte blanca, 1917, pág. 39-40)